Por: Dolly Alzate
Hablar hoy de la Carreta de Leer es transportarme a aquellos bellos recuerdos que viví y compartí con personas apasionadas por la literatura y el maravilloso mundo de los libros. Pensar en ello me evoca mi niñez y el profundo amor por la lectura.
La Carreta de Leer inició en el año 1995 como una iniciativa de Javier Naranjo —escritor, promotor de lectura, exdirector del Instituto de Cultura y gestor cultural— y Mario Acevedo (Q.E.P.D.), escritor, gestor cultural y promotor de lectura, quien también apoyó los procesos lectores en la Biblioteca Pública Municipal Jesús Antonio Arango Gallo, cuando esta se encontraba ubicada en la Casa de la Cultura.
Mario, persistente e incansable en su labor de promover la lectura durante más de diez años, recorrió espacios abiertos y alternativos con la Carreta de Leer, con el propósito de acercar a niños, jóvenes y adultos a los libros y despertar en ellos el gusto por la lectura. Además, recomendaba textos para fortalecer los procesos lectores y fomentar la lectura como un hábito de vida.

Muchos niños lo recordaron como el Guardián de la Lectura y, en la actualidad, algunos de ellos —ya adultos— continúan fomentando el hábito lector en el municipio. Quiero aclarar que he mencionado solo a dos personas; sin embargo, la Carreta de Leer ha sido una construcción colectiva, forjada por muchas manos y por toda una comunidad.
En mi experiencia, trabajando en la Biblioteca Pública Municipal Jesús Antonio Arango Gallo, y movida por mi pasión por las bibliotecas, los libros, la literatura y la promoción de lectura con diversas poblaciones, decidí realizar la carrera universitaria en Bibliotecología, con el propósito de fortalecer los servicios, programas educativos y procesos de promoción de lectura, escritura y oralidad para los usuarios y la comunidad carmelitana.
Siento una profunda alegría y satisfacción al haber contribuido durante más de quince años en la coordinación de la Carreta de Leer y en el fortalecimiento de los procesos lectores. Destaco especialmente el trabajo de los promotores de lectura y voluntarios que se unieron a este hermoso proyecto, motivando el gusto por la lectura en niños/niñas de primera infancia, madres gestantes y lactantes, estudiantes escolares, jóvenes, mujeres, docentes y adultos mayores, tanto en la zona urbana como rural, incluyendo el Cañón de Santo Domingo y el Cañón de Melcocho.

Desde el año 2006, bajo mi responsabilidad, la Biblioteca Pública Municipal continuó trabajando con el proyecto La Carreta de Leer. En esa fecha se realizó la remodelación de la llamada “Carreta de mangos”, transformándola en un carruaje de cuatro llantas, una especie de biblioteca rodante. En su interior se adecuaron estanterías para organizar el material literario y, en la parte posterior, se incorporó un teatrino para la presentación de títeres, lo que generó mayor atractivo e interés en el público participante como una forma de promover la lectura a través del arte.
A través de la Carreta se llevaron sonrisas, magia, sueños y viajes imaginarios mediante estrategias como la “Mochila Cuentera”, que incluía material de lectura infantil y juvenil, así como juegos didácticos. Estos eran intercambiados en las escuelas una vez el niño o niña los disfrutaba, permitiendo que rotaran entre compañeros, familias y comunidades de las veredas que conforman el núcleo zonal.

Igualmente, se desarrolló la estrategia “Relatos mano a mano”, que consistía en el intercambio de cartas escritas a mano entre adultos mayores y jóvenes, generando diálogos intergeneracionales a través de las historias de la comunidad. El trabajo epistolar fue una experiencia conmovedora y valiosa, que permitió a los adultos mayores narrar recuerdos de su infancia y juventud, y a los jóvenes conocer y valorar esos saberes. Fue un verdadero intercambio de experiencias, aprendizajes y enseñanzas mutuas.
Por otro lado, no puedo dejar de mencionar otra hermosa estrategia: “Campo Literario”, cuyo objetivo es la recuperación del saber ancestral mediante experiencias de lectura y escritura en la zona rural, con la participación de las familias en los talleres de lectura, enfocados en la literatura y en escritores donde se hablaban sobre las plantas, cultivos, siembra, campo, entre otros, brindándoles herramientas y aprendizajes para que continúen fortaleciendo sus laboren en el campo.
Cada salida de la Carreta de Leer al parque principal, a las calles o a los barrios del municipio se convierte en una fiesta llena de magia, alegría, historias, aprendizajes y sueños compartidos. Este trabajo ha sido posible gracias a la articulación con la Administración Municipal, la Secretaría de Educación, el Instituto de Cultura, el Ministerio de Cultura, el Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas IBERBIBLIOTECAS, entre otras entidades.

Además, conservo audios de personas que, desde la creación de la Carreta, contribuyeron y participaron activamente en este proyecto, testimonios que evidencian el impacto significativo que ha tenido en la comunidad.
Finalmente, resalto que La Carreta de Leer es un legado que continúa promoviendo el amor por la lectura, la escritura y la oralidad en la historia de la comunidad carmelitana, a través de experiencias creativas, innovadoras, participativas y vivenciales. Hoy, los procesos lectores siguen dinamizándose para que perduren de generación en generación.
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